Hacemos a un lado el mundo exterior, solo cerramos la puerta y dejamos entrar el aire que respiramos para nunca exhalarlo más. Aunque las historias se cuentan al revés, todas llevan un fin en común: la TRASCENDENCIA.
No fuimos educados para ello, el miedo es el principal responsable de que los fantasmas rindan cuentas.
¿Quién debe de sentir las pérdidas de esencia? Te apuesto que no soy yo... Pero al final, uno se rinde si la realidad es omnipotente, o como dicen algunos: “morir es poseerlo todo.”
¡Bienvenidos a mi mundo tóxico!
¿Podrás soportarlo?